
Durante mucho tiempo mendigué besos y caricias.
Supliqué por gestos, abrazos y atenciones que no llegaron.
Me arrastré de cama en cama dando aquello que no tenía.
Supliqué por gestos, abrazos y atenciones que no llegaron.
Me arrastré de cama en cama dando aquello que no tenía.
Y ahora, con el alma hecha jirones, le construí una fortaleza a mi corazón.
Me he vuelto fría, distante y solitaria, inmune a tus llamadas.
Pero los muros de esta fortaleza no sólo me separan de ti, sino de todo lo bueno que está fuera.
Y te odio por este muro, por esta fortaleza que me impide tener la oportunidad de ser feliz, por mi mirada vacía y la melancolía de quien ha vivido demasiado en poco tiempo.
Aún así, seguiré manteniéndola en pie. Seré la princesa de esta fortaleza, y lanzo este grito de ayuda, esperando a ser rescatada.
2 comentarios:
Amada Estefanía,
cuánto dolor y angustia
tanto
que el grito ya no es grito, sino aullido.
Galeguiña.
...que el grito ya no es grito, el grito es casi súplica...
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